lunes, 19 de enero de 2015

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Cada tarde pasa frente a la terraza con un sonido singular. Es joven y trae consigo la música que anuncia a todos la llegada del helado a la barriada. Por estos parajes se le ve caminando al lado de su bicicleta porque son considerables las alturas de las calles. 
No sé siquiera cuál es su nombre o por cuánto recoveco anda para vender el helado que lleva en una pequeña nevera agarrada de la parrilla. Solo sé que a veces va de un lado a otro aclamando la llegada de algún niño, y se detiene frente a sus casas con la esperanza, quizás, de que saldrá el pequeño en búsqueda de la golosina.
Hoy le he visto con la estampa de un John Lennon y sus espejuelos redondos último grito de la moda. Llevaba, además del suéter de rayas, una gorra blanca y una sonrisa. Acerca de su éxito no saben los vecinos, tampoco su paraje o si regresa a casa con las manos vacías. En ocasiones se le ve cansado pero repite el camino tantas veces sea necesario. 
Alberto, Pepe, Raúl, Orlando o que sé yo como se llame puede ser el último eslabón en la cadena productiva. Es el vendedor, no de asombros, como la canción de Liuba. Es el rostro de quien, como otros, luchan por vivir o sobrevivir a toda costa pero cuya imaginación quedó inerte al desafío de los nuevos tiempos.
En mis fantasías que le imprimen a la ciudad y a sus gentes mayor colorido le veo de manera constante. Lo pienso vestido de payaso y dibujada su boca en la que no siempre aparece la risa. También con una peluca caleidoscópica y unos zapatones grandes como salido del acto circense al que no todos los niños van. Pintada la bicicleta cual un carruaje de colores y detrás, donde hoy ocupa el lugar la pequeña nevera, un gran cajón del nuevo refrigerador que alguien botó,  lleno de melodías, matices y sorpresas que solo descubrirán los chicos cuando se arrimen al fabuloso espectáculo.         
A ellos los imagino también alegres, llenos de admiraciones y corriendo en busca de sorpresas dulces; abarrotados de algarabía e ilusiones, pues el vendedor no solo endulzara sus labios, también sus ganas de soñar.
Y mientras sueño cuando escribo, vuelve el sonido a las calles que hasta para algunos resulta ya tedioso y la idea se me rompe como un globo.
Quizás nunca pueda descifrar la incógnita y me acerque para compartirle la quimera que se me antoja cada tarde cuando lo escucho o veo pasar.
No sé si de asombros se vestirá algún día este transeúnte que busca su vida en las calles de la ciudad. Lo cierto es que no necesitará de mucho para hacerlo. Con una caja, un poco de pintura alegre y las dos ruedas que le guían puede alcanzar la ilusión de llegar sin paletas hasta el último confín. Y en el afán de dar de comer a su bolsillo también llenará de sueños una pequeña imaginación.    


lunes, 12 de enero de 2015

Sin importar los cuerpos existe el amor


Uno de los sucesos cinematográficos de 2014 llega a las salas de cada hogar. “Vestidode novia”, ópera prima de Marilyn Solaya y ganadora del premio de la popularidad en la pasada edición del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano dela Habana, ya circula a través de memorias flash.
Sobre los avatares de nacer en otro cuerpo va este filme que tiene como precedente el documental “En el cuerpo equivocado” de la propia realizadora. Vestido de novia” abre las puertas al tratamiento de la transexualidad desde el largometraje cubano, tema que también ocupa la agenda de las organizaciones que le tienen bajo su encargo.  Aparece en un momento en el que se discute la protección de los derechos y el reconocimiento a la identidad de género de este grupo, uno de los más segregados desde el punto de vista social.
Sensibilizar a quienes no conocen sobre el tema es su mayor reto aun cuando las expresiones de identidad sexual y de género (transexualidad, transgénero, travestismo) continúan bajo un denominador común en el imaginario social “ser maricón”.
Para lograrlo su directora se vale de un staff artístico cuyo desempeño le imprime credibilidad al largometraje. Se destaca la actuación de Laura de la Uz quien encarna a Rosa Elena, una mujer de aspecto maduro que deberá enfrentar su verdadera identidad frente a Ernesto, interpretado por el actor Luis Alberto García. Con el apoyo de Sissi, que de manera histriónica representa Isabel Santos, Rosa Elena enfrentará momentos de su vida marcados por la violencia en su espectro más amplio. Tomando como tapiz el año 1994, Solaya se vale de la crisis en el ámbito político para reflejar también la polémica que el tema generaba en lo individual y social.
Si bien el aplauso del público reconoce en “Vestido de novia” una obra con un profundo sentido humano hacia las personas que han nacido en el cuerpo equivocado, algunas secuencias de la película no quedan del todo esclarecidas.
El pasado de la relación entre la protagonista y el padre, si bien puede ser inferido, deja no pocas interrogantes cuyas respuestas no se encuentran en el transcurso de la obra. Por otro lado el encarcelamiento de Sissi tampoco tiene una explicación en la narrativa. En este último  caso apelar al recurso de la elipsis le resta comprensión a la idea que se quiere transmitir.  El título no siempre encuentra resortes con el discurso audiovisual. “Vestido de novia” solo nos sugiere el cambio de identidad en un juego de palabras donde convergen los géneros, pues la boda de Rosa Elena y Ernesto apenas tiene referentes visuales.
No obstante, asume con valentía llevar a la pantalla grande la historia de un transexual para humanizar o sensiblizar, tal vez, a aquellos para los que aun constituye una aberración humana estar atrapado en un cuerpo que no te pertenece. De ahí que el equipo de realización haya concebido a una mujer para que interpretara el personaje principal pues la representación masculina de estos papeles continua satirizando la figura del transexual.
“Vestido de novia” comienza el largo camino para llegar hasta el sitio más insólito. Lo hará de mano en mano y a través de muchas voces que una vez la disfruten se harán eco no solo del dolor y el sufrimiento que padecen las personas bajo esa condición. Serán, también, emisoras de los actos simples en los que sin importar los cuerpos existe el amor.  

lunes, 3 de noviembre de 2014

El pas de deux de Air France y Havana Club



No solo danzan esta vez en el Festival de Ballet de La Habana, las diferentes compañías que cada año quedan atrapadas en la magia de zapatillas y tabloncillos. Bailan también, y no precisamente con movimientos sincrónicos y escalonados, la línea aérea Air France y la marca cubana de ron Havana Club, ambas en una reñida disputa por ocupar un lugar, con anuncios publicitarios, en cada programa de ese evento…
La iniciativa de ser patrocinadores de uno de los festivales danzarios más prestigiosos del mundo es acogida con beneplácito por organizadores y público en general… Pero en términos de mensajes y maneras de concebir la publicidad, aclaro es mi punto de vista, deja entredicho un sinnúmero de significados, en muchos casos imperceptibles por quienes consumen un arte cargado de delicadeza y mesura.
Las marcas danzan a ritmos de movimientos sexistas. Se unen en un gran pas de deux al dorso de la cubierta del programa. La aerolínea apuesta por su nueva campaña “Francia está en el aire”, que solo recrea en sus imágenes a mujeres. Para la española Nuria Carbo, destacan atributos como “
la exuberancia y el colorido, los iconos históricos y culturales o el carácter divertido, glamuroso y hedonista que atribuimos a los franceses”.
Sin embargo, lo que no advierten comunicadores, publicistas o especialistas en marketing es su carácter sexista. Y es aquí donde se abren las cortinas: las mujeres aparecen como mimesis de algunos de sus más importantes destinos. El sexismo cuya tendencia es la asignación de valores, capacidades y roles diferentes a hombres y mujeres, exclusivamente en función de su sexo, desvaloriza en este caso particular su imagen.

¿Qué hay detrás del abanico?

Muchas respuestas se generan así como creativa pueda ser su imaginación. Mujeres vuelven al cartel minimizadas a los cánones que la propia publicidad preestablece con respecto a la estética del cuerpo. Reducidas a objeto que cualquier ojo masculino contemplará sin vacilación. Y me cuestiono de manera reiterada si es que acaso son los hombres únicos consumidores de ese producto.

Particularmente este que se ha elegido como contraportada recrea a una joven cubierta por un abanico de plumas que sugiere el encuentro con algunos de los más importantes destinos de la aerolínea. En la provocativa incógnita que le obliga a seguir más allá de las plumas recae el descuido. Lugar en el que confluyen deseos, lujuria o el desnudo cuerpo que cualquier ojo será capaz de completar gracias a la concepción gestáltica de la imagen corporativa. Finalmente aparece la capital francesa, muy próxima a su sexo y como símbolo, quizás, de la época dorada del Moulin Rouge.
¿Cómo poner de acuerdo a cinco maestros roneros?
Al otro extremo compite la marca
Havana Club con su bebida Selección de Maestros. Se vale de la interrogante para resaltar experiencia y sabiduría de un arte tradicionalmente ejercido por hombres y en el que la inserción femenina no ha gozado de éxito. Una profesión en la que estas han sido segregadas por su rol de género. Una categoría que en Cuba ostentan siete hombres y son aspirantes a ella solo tres mujeres.
Y termina el movimiento, como una coda, en la que cada sexo habrá aprehendido bien su rol. En el que mujeres y hombres tendrán bien definidas sus funciones, no solo en el arte de la danza sino también en el de la publicidad; que les colocará, no siempre en el lugar preciso y justo, sino en el más vendible, el vulnerable y estereotipado, en aquel en el que a dos pasos los hará sabios por un lado y mundanas por el otro.